
Daniela
Caminar en la noche, tan solo
Con el misterio de la incertidumbre
Sin destino al final del andar
Sin claridad y sin lumbre
Providencia, me negabas
Alguna esperanza de norte
Pues inventando horizonte
El bergantín navegaba
De sed fatal casi muero
A no ser por tu llegar
Como brisa de noble velo
Como agüita de manantial
Aquella tarde de marzo
Plena en mi corazón
Golondrina de amor
De cariño sin descanso
Llegaste por fin del cielo
Angelical tu presencia
Y llenaste las ausencias
Y calmaste el desconsuelo
Se disipaba la bruma
Tú iluminaste mi rumbo
Como en la playa, la espuma
Ya nunca más algún tumbo
Los jardines se consternaron
Y las flores muy celosas
Se adornaron con mariposas
Pero poco por sí lograron
Vino a ti la luna llena
Trayéndote dos luceros
Y al verte linda azucena
Te dijo: ¡como te quiero!
Y no se me olvida jamás
Cuando llegó la brisa
Al verte, una sonrisa
Que iluminó su faz
Dejo entrever que en el cielo
De los milagros más bellos
De Dios con sus empeños
Fuiste tú, mi lucero
El mar siempre tan crucial
También se hizo presente
Trajo una estrella de coral
Y te la puso en la frente
Y dijo con voz muy suave
Que allá en lo más profundo
Tuyos son los corales
Mientras exista el mundo
La tierra representando
A la Madre Naturaleza
Te concedió tres virtudes
Valor, piedad y nobleza
Y hasta el humilde arrendajo
Con un turpial de compañero
Te cantaron y te arrullaron
Mientras tomabas tetero
Es así mi niña hermosa
Como mi vida cambiaste
Con tanto amor que anunciaste
En esa tarde de rosa
La ternura que me inspiras
Se me refleja en los ojos
Se me nubla la mirada
Y una lagrima de a poco
Da cuenta de mi alegría
De que yo tanto te quiera
Porque eres tú la vida mía
Porque eres tú siempre, Daniela
Jesús Manuel Berbin Monsalve
05 de marzo de 1995

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