El fondo del asunto, asusta a quienes entendemos su trascendencia, a quienes hemos visto de frente la cara de la desidia.
La pérdida de valores éticos y morales empezaron a corroer los cimientos de la sociedad venezolana desde los años mismo de la colonia; ya hemos repasado con insistencia, pero también con cruel indiferencia, los hechos históricos que rodean nuestra tradición republicana y mas contemporáneamente hablando, nuestra tradición democrática. No es un asunto de decirle a unos niños en una escuela o a unos muchachos en un liceo, con cierta ironía “deben respetar la constitución y las leyes”, quizás algunos de ellos logren internalizar esas palabras, pero ¿qué va a suceder con el resto? ¿A dónde van llegar? ¿Cómo van a encajar en la sociedad?, pues la respuesta es más aterradora que la pregunta…los que probablemente no encuentren asidero en los “nobles” estratos sociales son precisamente aquellos que si recibieron el mensaje. Esto es debido a un modelo degradado de valores que esta sembrado en los genes mismos de nuestro pueblo, a todos los niveles y en todos los estratos sociales. El que tiene la oportunidad de lucrarse de manera fácil a costa de los recursos del estado, lo hará irremediablemente, so pena de que eso implique una obra sin finalizar o peor aun que nunca comenzó; la estafa a la nación se ha convertido en un quehacer cotidiano, impune, que enriquece a los que gozan de la fortuna de “estar donde hay”, y que producen envidia a aquellos que por diversas razones no tienen acceso a los dineros públicos, ya sea por tendencia política contraria o porque no tiene los contactos adecuados. Por otra parte quedan abismados e inmóviles los que pertenecen al extremadamente minúsculo grupo de ciudadanos honestos.
Pero esto es solo un comentario inocente, al lado de la realidad cotidiana. Es alarmante cómo los negocios sucios, impropios, leoninos, y pare de contar cuanto calificativo denigrante se le pueda atribuir, a quienes comienzan a introducir la trampa, la usura, la estafa y hasta la extorsión en los negocios dentro de la dinámica comercial privada de nuestro país…pareciera que encontrar la manera de romper la ley es el mejor negocio,
A esto le sumamos unos funcionarios públicos que deslucen ante un soborno, y uno habitantes (porque “ciudadanos” les queda grande) que asumen el soborno como gasto corriente y que debe estar contemplado en cualquier estructura de costos inteligente, y finalmente tenemos una sociedad de caos, sumergida en la podredumbre de los antivalores,
¿Con qué moral? le dicen al ladrón “CULPABLE”, y ¿con cual solvencia moral? Le dictan una sentencia condenatoria. Ah, porque ese que quiso robar el banco a mano armada tenia una mascara, y el asunto esta en robar y estafar descaradamente.
Pues no, la sociedad moral, la sociedad de valores, tiene que in surgir desde dentro y hacia fuera, en la estructura del estado, de tal manera que pueda ir “curando” las heridas dejadas por el vendaval de lo inmoral, debemos incorporarnos a una CRUZADA DE VIDA O MUERTE en contra de la impunidad, que se le castigue al ladrón, pero también al corrupto sin importar quién es o a que tendencia política pertenece, al contratista oportunista, al funcionario deshonesto y corrompido, al comerciante usurero, al industrial acaparador, al vigilante de tránsito matraquero, al policía delincuente, al juez vendido, al fiscal complaciente, a todo aquel que ha osado romper la ley, pues que asuma las consecuencias. Si no lo hacemos, y pronto, corremos el riesgo de que la sociedad colapse ante la impunidad, y se desencadenen hechos de violencia, productos de aquellos que no encuentran salida a través del propio aparato del estado, y se vean irremediablemente forzados a tomar la justicia en su mano. No se trata de una amenaza ni de una exposición alarmista, sino de un llamado de atención, de una bofetada temprana para que sobrevenga la reacción oportuna y eficaz.
La pérdida de valores éticos y morales empezaron a corroer los cimientos de la sociedad venezolana desde los años mismo de la colonia; ya hemos repasado con insistencia, pero también con cruel indiferencia, los hechos históricos que rodean nuestra tradición republicana y mas contemporáneamente hablando, nuestra tradición democrática. No es un asunto de decirle a unos niños en una escuela o a unos muchachos en un liceo, con cierta ironía “deben respetar la constitución y las leyes”, quizás algunos de ellos logren internalizar esas palabras, pero ¿qué va a suceder con el resto? ¿A dónde van llegar? ¿Cómo van a encajar en la sociedad?, pues la respuesta es más aterradora que la pregunta…los que probablemente no encuentren asidero en los “nobles” estratos sociales son precisamente aquellos que si recibieron el mensaje. Esto es debido a un modelo degradado de valores que esta sembrado en los genes mismos de nuestro pueblo, a todos los niveles y en todos los estratos sociales. El que tiene la oportunidad de lucrarse de manera fácil a costa de los recursos del estado, lo hará irremediablemente, so pena de que eso implique una obra sin finalizar o peor aun que nunca comenzó; la estafa a la nación se ha convertido en un quehacer cotidiano, impune, que enriquece a los que gozan de la fortuna de “estar donde hay”, y que producen envidia a aquellos que por diversas razones no tienen acceso a los dineros públicos, ya sea por tendencia política contraria o porque no tiene los contactos adecuados. Por otra parte quedan abismados e inmóviles los que pertenecen al extremadamente minúsculo grupo de ciudadanos honestos.
Pero esto es solo un comentario inocente, al lado de la realidad cotidiana. Es alarmante cómo los negocios sucios, impropios, leoninos, y pare de contar cuanto calificativo denigrante se le pueda atribuir, a quienes comienzan a introducir la trampa, la usura, la estafa y hasta la extorsión en los negocios dentro de la dinámica comercial privada de nuestro país…pareciera que encontrar la manera de romper la ley es el mejor negocio,
A esto le sumamos unos funcionarios públicos que deslucen ante un soborno, y uno habitantes (porque “ciudadanos” les queda grande) que asumen el soborno como gasto corriente y que debe estar contemplado en cualquier estructura de costos inteligente, y finalmente tenemos una sociedad de caos, sumergida en la podredumbre de los antivalores,
¿Con qué moral? le dicen al ladrón “CULPABLE”, y ¿con cual solvencia moral? Le dictan una sentencia condenatoria. Ah, porque ese que quiso robar el banco a mano armada tenia una mascara, y el asunto esta en robar y estafar descaradamente.
Pues no, la sociedad moral, la sociedad de valores, tiene que in surgir desde dentro y hacia fuera, en la estructura del estado, de tal manera que pueda ir “curando” las heridas dejadas por el vendaval de lo inmoral, debemos incorporarnos a una CRUZADA DE VIDA O MUERTE en contra de la impunidad, que se le castigue al ladrón, pero también al corrupto sin importar quién es o a que tendencia política pertenece, al contratista oportunista, al funcionario deshonesto y corrompido, al comerciante usurero, al industrial acaparador, al vigilante de tránsito matraquero, al policía delincuente, al juez vendido, al fiscal complaciente, a todo aquel que ha osado romper la ley, pues que asuma las consecuencias. Si no lo hacemos, y pronto, corremos el riesgo de que la sociedad colapse ante la impunidad, y se desencadenen hechos de violencia, productos de aquellos que no encuentran salida a través del propio aparato del estado, y se vean irremediablemente forzados a tomar la justicia en su mano. No se trata de una amenaza ni de una exposición alarmista, sino de un llamado de atención, de una bofetada temprana para que sobrevenga la reacción oportuna y eficaz.

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