Es muy común encontrarse en una cola en nuestra gran ciudad, y sentirse poseído por el stress que produce el ruido, el calor, los gases de los escapes, la lentitud o estática de la cola, la pesadez de nuestro humor en contraposición a la ingravidez de nuestra tolerancia. Muchos han llegado a justificar en este escenario alguna actitud hostil o incluso alguna barbaridad vial.
Pero el problema va mucho mas allá de un simple estado de ánimo, es más complejo, se trata de una sub-cultura del caos a la que muchos nos hemos acostumbrado y otros se han decidido a protagonizar. Es increíble la manera como los conductores se “dedican” a trasgredir las normas, a veces justificando el hecho en un apuro personal y otras veces, aunque parezca insólito, por el simple placer de hacerlo. A esto hay que sumarle la indolencia de algunas autoridades, que ante la flagrante comisión de la falta, se hacen de la vista gorda quizás para no complicarse el día.
Paciencia, que el problema no termina allí, es entonces cuando aparece un semáforo que no funciona o funciona a medias, o quizás una señal de tránsito oxidada e ilegible, o un rayado inexistente, y es posible que se adicione un pasajero inconsciente que le exige al transportista que lo deje en plena intercepción, y obviamente éste que accede al pedimento y tenemos finalmente un escenario cotidiano de caos.
Es importante, primeramente, que aceptemos todos y cada uno la cuota de responsabilidad que nos corresponde, que nos sintamos convencidos de que el problema no podrá ser solucionado unilateralmente por ninguna de las partes, sino que será superado por todos en conjunto y en concordancia con la Ley. El funcionario que no se inmute ante la infracción, que proceda y aplique la sanción que prevé la norma, ya que, según la doctrina “toda norma jurídica enlaza un supuesto de hecho y una consecuencia de Derecho”, y todos debemos doblegarnos ante el imperio de la Ley; pero como es mejor prevenir que lamentar, los conductores y usuarios de las vías, debemos entender que no es sino el respeto y la adhesión a las normas lo que hará posible que el tránsito sea un factor dinámico y no estático dentro de la vialidad de nuestra gran ciudad, es una decisión a conciencia el convertirnos o no en ciudadanos con una cultura vial apropiada, ya que hay algunos factores que no hemos mencionado, y que conspiran en contra nuestra como lo son: el clima, el volumen del parque automotor, el colapso de la capacidad de las vías, etc.
Finalmente, quisiera concluir diciendo que el tránsito pudiera enfocarse desde tres factores influyentes, que son: norma y autoridad, conciencia y cultura vial, y diligencia de las autoridades competentes por adecuar las vías a la realidad y condiciones mínimas aceptables de funcionamiento. Este es un llamado a la participación de todos por el mejoramiento de las condiciones del tránsito, para hacerlo vivible.
Pero el problema va mucho mas allá de un simple estado de ánimo, es más complejo, se trata de una sub-cultura del caos a la que muchos nos hemos acostumbrado y otros se han decidido a protagonizar. Es increíble la manera como los conductores se “dedican” a trasgredir las normas, a veces justificando el hecho en un apuro personal y otras veces, aunque parezca insólito, por el simple placer de hacerlo. A esto hay que sumarle la indolencia de algunas autoridades, que ante la flagrante comisión de la falta, se hacen de la vista gorda quizás para no complicarse el día.
Paciencia, que el problema no termina allí, es entonces cuando aparece un semáforo que no funciona o funciona a medias, o quizás una señal de tránsito oxidada e ilegible, o un rayado inexistente, y es posible que se adicione un pasajero inconsciente que le exige al transportista que lo deje en plena intercepción, y obviamente éste que accede al pedimento y tenemos finalmente un escenario cotidiano de caos.
Es importante, primeramente, que aceptemos todos y cada uno la cuota de responsabilidad que nos corresponde, que nos sintamos convencidos de que el problema no podrá ser solucionado unilateralmente por ninguna de las partes, sino que será superado por todos en conjunto y en concordancia con la Ley. El funcionario que no se inmute ante la infracción, que proceda y aplique la sanción que prevé la norma, ya que, según la doctrina “toda norma jurídica enlaza un supuesto de hecho y una consecuencia de Derecho”, y todos debemos doblegarnos ante el imperio de la Ley; pero como es mejor prevenir que lamentar, los conductores y usuarios de las vías, debemos entender que no es sino el respeto y la adhesión a las normas lo que hará posible que el tránsito sea un factor dinámico y no estático dentro de la vialidad de nuestra gran ciudad, es una decisión a conciencia el convertirnos o no en ciudadanos con una cultura vial apropiada, ya que hay algunos factores que no hemos mencionado, y que conspiran en contra nuestra como lo son: el clima, el volumen del parque automotor, el colapso de la capacidad de las vías, etc.
Finalmente, quisiera concluir diciendo que el tránsito pudiera enfocarse desde tres factores influyentes, que son: norma y autoridad, conciencia y cultura vial, y diligencia de las autoridades competentes por adecuar las vías a la realidad y condiciones mínimas aceptables de funcionamiento. Este es un llamado a la participación de todos por el mejoramiento de las condiciones del tránsito, para hacerlo vivible.
